Celebrando el progreso en mejorar la salud pública y el medioambiente a lo largo de la frontera entre EE.UU. y México

Por Naseera Bland

Parte de la misión de la EPA consiste en asegurar que todas las comunidades tengan la oportunidad de restaurar aguas contaminadas y proveer servicios de agua fiables. Cuando me uní a la Oficina de Agua de la EPA como una becaria ORISE en el 2015, sabía que quería que el elemento de proveer ayuda a las comunidades marginadas fuera un aspecto clave de mi trabajo. Por suerte, me ofrecieron la oportunidad de apoyar el programa fronterizo de Infraestructura de Agua en la oficina de Agua que trabaja directamente con las comunidades a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México.

Muchas comunidades en esa área fronteriza se conocen como colonias, o sea, pequeños poblados no incorporados y pequeñas subdivisiones semirurales utilizados como asentamientos para viviendas. La mayoría de las colonias tienen limitaciones económicas y muchas veces carecen de la infraestructura básica, incluyendo acceso al agua potable segura y servicios adecuados de sanidad. Con mucha frecuencia los residentes tienen que cargar el agua hacia sus hogares y dependen de letrinas o de sistemas sépticos inadecuados. La falta de infraestructura de agua adecuada constituye un riesgo a la salud y puede resultar en descargas de aguas negras sin tratar y contaminantes como amoniaco y patógenos en ríos cercanos.  Como nuestros dos países comparten el Río Grande y el Río Tijuana, es importante que trabajemos juntos para asegurar la calidad de las aguas compartidas y la protección de la salud pública.

Desde el 2006 muchos hogares en las colonias en la región fronteriza han estado conectados con fuentes fiables de agua potable y sistemas de aguas residuales mediante esfuerzos combinados de individuos, comunidades y agencias de gobierno, incluyendo la EPA. Hasta la fecha, el programa de Infraestructura de Agua Fronteriza de la EPA ha provisto financiamiento para la planificación, el diseño y la construcción, por primera vez, de fuentes de agua potable conectadas a aproximadamente 69,365 hogares y, por primera vez, servicios de tratamiento de aguas residuales para 671,631 hogares a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México, los cuales han mejorado significativamente la calidad de vida, la salud pública y la protección medioambiental.

Una comunidad en una colonia en particular a la cual yo le brindé apoyo fue la colonia de las Pampas en el condado Presidio al sudoeste de Texas. Los miembros y líderes comunitario del Condado Presidio trabajaron con mi equipo de la EPA para comenzar la construcción de un proyecto de $875,000 para abordar algunas de sus necesidades de infraestructura. El proyecto final proveerá un tanque de almacenaje para 300,000 galones de agua, nuevas líneas de servicio de agua y un sistema para suplir agua a los hogares.

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Victor Manuel Juárez, un residente de la colonia Las Pampas llenando su tanque de 500 galones de agua de la estación de bomba de agua en el Condado Presidio, Texas

El esfuerzo continuo y la colaboración con los socios en el área de la frontera nos ayudarán a mejorar la calidad de vida y las condiciones ambientales para las familias y las comunidades a lo largo de la frontera. Me alegra que mi beca en la EPA me permite aprender más acerca de esta importante labor.

Acerca de la autora: Naseera Bland es una becaria ORISE en la Oficina de Manejo de Aguas Residuales de la EPA. Tiene un bachillerato en ciencia y política ambiental de la Universidad de Maryland. Con anterioridad a su beca, ella era contratista en la Oficina de Investigación y Desarrollo de la EPA.

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En acción por el agua potable de Estados Unidos

Por Joel Beauvais

Nuestra nación tiene un historial de progreso importante en la promoción de la salud pública conforme a la Ley de Agua Potable Segura. Pero la escasez de agua en el oeste, las inundaciones por el clima extremo en el medio oeste y el sudeste, y los recientes problemas de calidad del agua en Flint, Michigan, han hecho que la atención nacional se centre en el agua potable de Estados Unidos. Como país, podemos y debemos hacer más para asegurarnos de que cada estadounidense tenga acceso a agua potable segura. En la EPA estamos comprometidos a trabajar junto con nuestros socios gubernamentales, las comunidades y las partes interesadas para fortalecer los sistemas de agua potable de la nación. Es por eso que hoy anunciamos los próximos pasos de esa iniciativa. A partir del próximo mes, la EPA liderará una serie de compromisos para conformar un plan de acción nacional para el agua potable, que se publicará a fin de año. Además, el Consejo de Asesores en Ciencia y Tecnología del Presidente (PCAST) ha comenzado un nuevo estudio de la ciencia y la tecnología pertinentes para garantizar la seguridad del agua potable de la nación.

EL PROGRESO QUE HEMOS LOGRADO

Con la atención pública legítimamente centrada en la calidad del agua potable en las comunidades de todo el país, vale la pena recordar cuánto hemos avanzado en el suministro de agua potable limpia y segura. Antes de que el Congreso aprobara la Ley de Agua Potable Segura en 1974 (lo que otorgó a la EPA la autoridad y los fondos para actuar y ratificar el papel fundamental de los estados y las municipalidades), más del 40 por ciento de los sistemas de agua potable de nuestra nación no cumplían ni siquiera con los estándares de salud más básicos.

Hoy, más de 300 millones de estadounidenses dependen de 152,000 sistemas públicos de agua potable y, colectivamente, beben más de mil millones de vasos de agua del grifo cada día. Nuestra agencia ha establecido estándares para más de 90 contaminantes, y nuestros datos de cumplimiento muestran que más del 90 por ciento de los sistemas de agua de la nación cumplen sistemáticamente dichos estándares. El agua limpia es la fuente de vida de comunidades saludables y animadas, y de la economía de nuestra nación. Asegurarnos de que todos los estadounidenses tengan un acceso confiable a agua potable segura es fundamental, y es una de las principales tareas de la EPA.

En el transcurso de los años, mediante el Fondo revolvente estatal de agua potable establecido por el Congreso en 1996, USD 30 mil millones en préstamos con bajo interés han financiado proyectos de infraestructura que entregan agua potable a miles de comunidades en todo el país. Esto ha complementado el financiamiento local y estatal de infraestructura de agua potable, especialmente en las comunidades de bajos recursos y donde el riesgo de salud pública es más elevado.

Y, en relación con esto, nuestra Ley de Agua Limpia es un enorme avance para proteger los valiosos recursos de agua de nuestra nación, incluidos los pequeños arroyos que son la fuente de agua potable de 117 millones de estadounidenses (más de un tercio de la población del país).

Hasta aquí hemos avanzado. Pero aún nos queda mucho trabajo por hacer.

DESAFÍOS NUEVOS Y PENDIENTES

La crisis en Flint, Michigan, ha puesto en primer plano los desafíos que enfrentan muchas comunidades de todo el país, incluidos el de las tuberías de plomo que conducen su agua potable y el de la inconsistente información disponible al público sobre la calidad del agua potable. Al mismo tiempo, a medida que las nuevas tecnologías mejoran nuestra capacidad de detección, estamos encontrando nuevos contaminantes en nuestra agua, provenientes de productos químicos industriales, productos farmacéuticos y otras fuentes que pueden poner en riesgo la salud pública.

Y la ciencia ahora muestra que el cambio climático (especialmente los efectos de clima extremo y sequía que origina) está exigiendo aún más a los recursos hídricos y creando incertidumbre en muchas regiones del país.

En algunas áreas, la contaminación amenaza las fuentes aguas arriba, como ríos y lagos, que alimentan nuestros sistemas de agua potable. Cientos de miles de estadounidenses se quedaron sin suministro de agua potable debido a un derrame químico en Charleston, West Virginia, y a una floración de algas nocivas en el lago Erie que afectó el agua potable de Toledo, Ohio. Necesitamos proteger nuestras fuentes de agua potable, y la Ley de Agua Limpia es fundamental para este propósito.

Mientras tanto, los datos de la EPA muestran que se necesitarán al menos USD 384 mil millones en mejoras de aquí al 2030 para mantener, mejorar y reemplazar miles de millas de tuberías y miles de plantas de tratamiento, tanques de almacenamiento y sistemas de distribución de agua que componen la infraestructura de agua de nuestro país. Y, si los gobiernos locales y estatales no se deciden a hacer estas inversiones y, en cambio, las demoran y postergan, reconstruir nuestra infraestructura de agua solo será más costoso.

Con demasiada frecuencia, los desafíos de infraestructura más difíciles se encuentran en comunidades de minorías (tanto grandes como pequeñas) de bajos recursos, donde la insuficiencia de ingresos públicos e inversiones ha permitido que muchos sistemas de agua se deterioren (por antigüedad y por negligencia), y donde los ciudadanos carecen de los recursos y de la información precisa y oportuna sobre la calidad de su agua para hacer algo al respecto.

Estos son grandes desafíos y la EPA reconoce que nadie puede abordarlos solo.

EN ACCIÓN: COMPROMETER A SOCIOS Y PARTES INTERESADAS CLAVE EN UN PLAN DE ACCIÓN NACIONAL POR EL AGUA POTABLE SEGURA

Es por eso que estamos lanzando un compromiso estratégico conjunto con socios y partes interesadas clave (que incluyen gobiernos estatales, tribales y locales, servicios públicos de agua potable, y partes interesadas en la salud pública, el medio ambiente y la comunidad) para desarrollar e implementar un plan de acción nacional que aborde los desafíos críticos y las oportunidades que tenemos por delante en relación con el agua potable.

La EPA ya ha intensificado su trabajo con los programas de agua potable estatales, con un enfoque prioritario en la implementación de la Norma sobre el Plomo y el Cobre federal, incluida la instrucción de que el personal de la EPA se reúna con los funcionarios de cada estado para asegurarse de que estén abordando el problema de los altos niveles de plomo e implementando plenamente la norma actual.

Hemos enviado cartas a cada gobernador y a cada comisionado estatal de medio ambiente y/o salud de los estados que implementan la Ley de Agua Potable Segura, instándolos a trabajar con la EPA en acciones para fortalecer las protecciones contra el plomo, así como en un conjunto más amplio de prioridades críticas para mantener nuestra agua potable segura. Estamos haciendo un seguimiento, con todos y cada uno de los estados, de las acciones para aumentar la protección de la salud pública, la transparencia y la responsabilidad.

Ahora estamos dando el siguiente paso. En las próximas semanas, la EPA lanzará un compromiso específico con entes correguladores estatales, servicios públicos regulados y partes interesadas no gubernamentales que son clave en los problemas prioritarios relacionados con la implementación de la Ley de Agua Potable Segura. El foco de ese compromiso incluirá lo siguiente:

  • Avanzar la implementación de la Ley de Agua Potable Segura de próxima generación: identificar las oportunidades clave y empezar a trabajar en los próximos pasos críticos para fortalecer y modernizar la implementación federal y estatal de las reglamentaciones y programas de la Ley de Agua Potable Segura, como las formas de aumentar la transparencia y la responsabilidad por los datos públicos.
  • Abordar la justicia ambiental y la equidad en el financiamiento de la infraestructura: identificar medidas adicionales que los gobiernos federales, estatales, tribales y locales, así como los servicios públicos, pueden tomar para asegurarse de que los desafíos de infraestructura de agua potable de las comunidades de bajos recursos y los sistemas pequeños con problemas de justicia ambiental se prioricen y aborden debidamente, incluidas acciones como: aumentar la información, compartir y replicar las mejores prácticas, y desarrollar la capacidad de la comunidad.
  • Fortalecer las protecciones contra el plomo en el agua potable: priorizar las oportunidades de colaborar y progresar en la implementación de la Norma sobre el Plomo y el Cobre actual (especialmente en las comunidades con problemas de justicia ambiental), y ampliar y fortalecer las oportunidades para que las partes interesadas se comprometan a apoyar el desarrollo de una norma revisada.
  • Estrategias para los contaminantes emergentes y no regulados: desarrollar e implementar enfoques mejorados mediante los cuales la EPA, los gobiernos estatales, tribales y locales, y los servicios públicos y otras partes interesadas, puedan trabajar juntos para priorizar y abordar los desafíos que presentan los contaminantes emergentes y no regulados, como las toxinas de las algas y los compuestos perfluorados (PFC).

En cada una de estas áreas, trabajaremos junto con nuestros socios y las partes interesadas para establecer una agenda estratégica e identificar e implementar acciones prioritarias a corto plazo que podamos llevar a cabo en los próximos meses. Al final de este año, publicaremos un resumen de nuestro progreso y un plan de acción nacional para el futuro.

Al mismo tiempo, el Consejo de Asesores en Ciencia y Tecnología del Presidente (PCAST) está comenzando un nuevo estudio de la ciencia y la tecnología pertinentes para garantizar la calidad del agua potable de la nación. El PCAST pedirá a la EPA, a otras agencias relevantes y a una gran variedad de expertos, que aporten ideas sobre inversiones en nuevas tecnologías e infraestructura para proteger los recursos de agua potable, detectar contaminantes, mejorar el tratamiento para eliminar contaminantes y patógenos, y desarrollar una infraestructura mejorada para el futuro. Luego de esta revisión, el PCAST recomendará acciones que el gobierno federal puede llevar a cabo, junto con las ciudades y los estados, para promover la aplicación de la mejor ciencia y tecnología disponibles en la seguridad del agua potable. Esto se basa en iniciativas actuales de la Administración para aprovechar el poder de la tecnología existente y de vanguardia para impulsar la innovación en el suministro de agua.

Es nuestro deber para con nuestros hijos y las generaciones futuras tomar medidas ahora y desarrollar acciones futuras para garantizar que todos los estadounidenses tengan un acceso asequible a agua de alta calidad, cuando y donde la necesiten. Estamos ansiosos por asociarnos con el público y las partes interesadas en el desarrollo de este plan.

Nota del editor: Los puntos de vista aquí expresados tienen como objetivo explicar la política de la EPA. No modifican los derechos ni las obligaciones de nadie.

Siéntase libre de compartir esta publicación, pero no modifique el título ni el contenido. Si hace cambios, no atribuya el título o el contenido editados a la EPA ni al autor.

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La ciencia guía la protección de la salud pública en cuanto al agua potable

Por Joel Beauvais

Como país, hemos avanzado mucho en cuanto a proporcionar aire, agua y tierra limpios: los recursos esenciales que permiten desarrollar una vida saludable y productiva. Pero tenemos más trabajo que hacer para asegurarnos de que cada estadounidense tenga acceso a agua potable segura.

Es por eso que la EPA lanzó una iniciativa de compromiso conjunta con socios e interesados clave (que incluyen gobiernos estatales, tribales y locales, servicios públicos de agua potable, y partes interesadas en la salud pública, el medio ambiente y la comunidad) para desarrollar e implementar un plan de acción nacional que aborde los desafíos y oportunidades críticos relacionados con el agua potable.

Como siempre, nuestro trabajo de proteger la salud pública y el medio ambiente deben basarse consistentemente en una ciencia y unos datos sólidos. Cuando se trata del agua potable, la información científica nos ayuda a identificar los contaminantes importantes (incluidos los nuevos o emergentes), a evaluar los posibles efectos en la salud, y a seguir los pasos necesarios para resolver el problema.

Hoy, basándose en la última información científica sobre dos contaminantes químicos llamados ácido perfluorooctanoico y sulfonato de perfluorooctano (PFOA y PFOS, respectivamente, por sus siglas en inglés), la EPA emitió unas recomendaciones sanitarias en cuanto al agua potable para proporcionar la información más actualizada sobre los riesgos para la salud que implican estos productos químicos. Estas recomendaciones ayudarán a los sistemas de agua locales, así como a los funcionarios estatales, tribales y locales, a tomar las medidas adecuadas para abordar el problema del PFOA y el PFOS, si es necesario.

Durante muchos años, el PFOA y el PFOS se utilizaron ampliamente en alfombras, ropa, telas para mobiliario, envases de alimentos y otros materiales, para hacerlos más resistentes al agua, la grasa y las manchas. El PFOA y el PFOS también se utilizaban para la extinción de incendios en campos de aviación, así como en numerosos procesos industriales.  Entre los años 2000 y 2002, la producción de PFOS fue eliminada gradual y voluntariamente en los EE. UU. por su principal fabricante. Y la EPA le pidió a ocho empresas principales que se comprometieran a eliminar su producción y uso de PFOA a más tardar para fines de 2015; compromiso que estas aseguran haber cumplido. Si bien aún persisten algunos usos limitados de estos productos químicos, los datos de análisis de sangre realizados en estos últimos años indican que los niveles de exposición están disminuyendo en todo el país.

Para la mayoría de la gente, su fuente de exposición al PFOA y al PFOS es a través de los productos alimenticios y de consumo. Pero el agua potable puede ser una fuente adicional de exposición en el pequeño porcentaje de comunidades donde estos productos químicos han contaminado los suministros de agua.  Este generalmente es un problema localizado, asociado con una instalación específica; por ejemplo, en comunidades donde alguna planta de fabricación o algún campo de aviación producía o utilizaba estos productos químicos.

La evaluación de la EPA indica que el agua potable con concentraciones individuales o combinadas de PFOA y PFOS inferiores a 70 partes por billón no es de esperarse que provoque efectos adversos en la salud en una exposición de por vida.  Estos niveles reflejan un margen de protección, incluso para las poblaciones más sensibles.

Si estos productos químicos se encuentran en los sistemas de agua potable por encima de estos niveles, los operarios del sistema deben tomar rápidamente muestras adicionales para evaluar el nivel, alcance y fuente de la contaminación.  También deben notificar enseguida a los consumidores y consultar con su agencia estatal de agua potable para decidir cuáles son los pasos adecuados a seguir. La notificación al público es especialmente importante para las embarazadas y lactantes, dado el impacto que estos productos químicos pueden tener en el desarrollo del feto y de los bebés que se alimentan con leche materna o de fórmula. Existen varias opciones disponibles para que los sistemas de agua disminuyan las concentraciones de estos productos químicos en el suministro de agua potable.

La EPA seguirá compartiendo la información y los datos científicos más recientes para que los funcionarios estatales y locales puedan tomar decisiones y medidas informadas para proteger la salud pública.  Esta es una parte importante de nuestro esfuerzo más amplio para apoyar a los sistemas de agua estatales y públicos mientras trabajamos juntos para aumentar la seguridad del agua potable en los Estados Unidos.

Para obtener más información en inglés sobre las recomendaciones sanitarias respecto al PFOA y al PFOS, visite la página web.

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