Protegiendo el crecimiento y el desarrollo infantil

El crecimiento y desarrollo normal, desde la concepción, durante el embarazo, la niñez y hasta la adolescencia, dependen de las hormonas. Estos mensajeros químicos están producidos por el sistema endocrino del cuerpo y regulan el crecimiento, el proceso de maduración, y la reproducción.

Los científicos han aprendido que algunas exposiciones a sustancias que son semejantes a las hormonas – sustancias que los toxicólogos denominan como sustancias químicas perturbadoras del sistema endocrino (EDCs por sus siglas en inglés) – pueden ser problemáticas con respecto a la salud y el desarrollo normal. Estas pueden a conducir a enfermedades peligrosas, problemas con la reproducción, y otras anormalidades en las etapas futuras de la vida. Se pueden encontrar los EDCs en muchos productos usados en la vida cotidiana, incluso en algunas botellas y contendores de plástico, los alimentos envasados en latas con ciertos tipos específicos de envolturas, plaguicidas y detergentes.

Debido a que sus cuerpos y sistemas internos todavía están en formación y pleno desarrollo, los bebés, infantes, y niños, sobre todo, pueden ser vulnerables a los efectos adversos a la salud ocasionados por los EDCs. Esos riesgos pueden ser agravados por el hecho de que, en proporción al tamaño de sus cuerpos, los bebés y niños comen, beben, y respiran más que los adultos y por esa razón, es más probable que ellos ingieran una cantidad mayor de estas sustancias.

La protección de los niños y otras personas de exposiciones a los EDCs ha sido una prioridad de EPA desde los 1990s, cuando los científicos propusieron la hipótesis de que “los humanos y vida silvestre han sufrido los efectos adversos a la salud a raíz de la exposición a las sustancias químicas perturbadoras,” como fue resumido en el estudio Research Needs for the Risk Assessment of Health and Environmental Effects of Endocrine Disruptors: A Report of the U.S. EPA-sponsored Workshop, (Environmental Health Perspectives. 1996 August, 104(4)).

Desde entonces, los investigadores de EPA y entidades subvencionadas en universidades han trabajado para entender los riesgos potenciales de EDCs a la salud de los humanos y la vida silvestre. Este esfuerzo incluye la priorización de sustancias químicas para análisis a través del programa innovador de EPA, el Programa para Analizar los Perturbadores Químicos, y el desarrollo de modelos para predecir las secuencias biológicas que pueden resultar de la perturbación endocrina. Además, el esfuerzo incluye la evaluación del riesgo cumulativo de las mezclas de sustancias químicas encontradas en la comida, los productos, y el agua potable. Este esfuerzo enfocado en las mezclas de sustancias químicas es importante porque los efectos combinados, aun a las concentraciones bajas, podría arrojar resultados diferentes que en aquellos casos en los cuales se analicen las sustancias químicas individuales.

Al desarrollar las herramientas y la información necesaria para entender los impactos posibles de los EDCS a la salud humana, los investigadores de la Agencia y sus colaboradores están ayudando a proteger la salud de los niños, adultos, y vida silvestre. El conocimiento adquirido a causa de la investigación tiene una variedad de impactos importantes: es de valor para los fabricantes para que puedan garantizar la seguridad de sus productos; asimismo, provee información a las madres embarazadas para que puedan evitar las exposiciones a los EDCs antes y durante el embarazo; ofrece información basada en ciencia y las herramientas a los padres, los profesionales de sanidad pública, y ayuda a los responsables a hacer una elección informada que protegerá a los niños, adultos, y vida silvestre.

Esta entrada en el blog en español de EPA (Conversando acerca de nuestro medio ambiente) es una traducción del reportaje publicado en una reciente edición del blog “Science Matters.”

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