Una lección sobre naturaleza en mi patio

Sobre la autor: Brenda Reyes Tomassini se unió a la EPA en el 2002. Labora como especialista de relaciones públicas en la oficina de EPA en San Juan, Puerto Rico donde también maneja asuntos comunitarios para la División de Protección Ambiental del Caribe.

“No se le da importancia a lo que no se conoce” La frase se me quedó grabada luego de ver la maravillosa película Wetlands & Wonder: Reconnecting Children with Nearby Nature. Me considero afortunada de haber podido crecer, al igual que muchos de mis compañeros de trabajo, rodeada de espacios verdes. No tenía televisión satélite , I-pod, ni un PlayStation. Si quería jugar, tenía que ir al patio o a correr bicicleta por el vecindario con mi hermano y mis primas. Cada vez que salíamos de la casa a recorrer nuestros alrededores, un nuevo mundo de exploración se revelaba ante nuestros ojos. Muchas de las actividades que realizábamos mi hermano y yo eran relacionadas a la naturaleza. Además de las visitas mensuales, pasábamos las vacaciones en la finca de nuestros abuelos maternos o en casa de nuestra abuela paterna desde cuyo patio se podía apreciar el Bosque El Yunque. Fueron muchas las veces que mojamos nuestros pies en el agua del Río Blanco y otro tanto que llegamos cargando “tesoros” de la playa. El resultado es que ambos tenemos una carrera relacionada al medioambiente, yo trabajo en la EPA en San Juan como oficial de asuntos públicos y mi hermano es doctor en ciencias marinas para NOAA en Seattle, Washington.

photo of author and her sonHoy día como madre exponer a mis hijos a este tipo de actividad, que para mi era tan común, es un gran reto. Aunque suelo llevarlos al campo y a la playa ocasionalmente, hacer tiempo en nuestra rutina diaria para convivir con la naturaleza es difícil. Mi agitado estilo de vida, vivir en los suburbios unido a la crianza de 4 niños no son una receta fácil para obtener experiencias relacionadas a la naturaleza diariamente. Sin embargo trato de buscar esos momentos como cuando vamos a sembrar plantas en el jardín o secamos la ropa al aire libre, ocasión en que los niños exploran abiertamente sus alrededores o como cuando recientemente aplasté una pequeña culebra en nuestro patio. Cuando la encontré llevé a mi hijo de 3 años al patio para que pudiera verla. Al deslizar mis dedos sobre el cuerpo de esta, mi hijo sintió la curiosidad innata de hacer exactamente lo mismo. Aproveché el momento y le hablé sobre ellas y cuanto les encanta esconderse en la base de los jengibres y heliconias del patio.

Estoy convencida que los niños no necesitan viajar lejos o visitar un museo para aprender sobre la naturaleza. El acceso más fácil está en nuestro patio, en los parques de nuestra comunidad o en el terreno vacío a lado de la casa. Si conocen y experimentan la naturaleza crecerán convertidos en adultos conscientes de ella y por ende protectores del medioambiente que les rodea.

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