El Yunque

Al descubrimiento de tesoros tropicales

Por Lina Younes  

Recientemente, estuve en Puerto Rico para visitar a mis padres que celebraban su 57mo aniversario de bodas. Durante mi breve estadía, quería ayudarles con varias diligencias y asuntos por resolver. Como el motivo de mi visita no era pasar unas vacaciones por así decir, pasé la gran parte de mi tiempo transitando en el área metropolitana de San Juan. Cuando encontré un espacio de cuatro horas sin ningún asunto apremiante, decidí que llevaría a mis padres a explorar la Isla. ¿Por qué no nos aventurábamos a disfrutar de la naturaleza y visitábamos una maravilla tropical lejos del mundanal ruido? Decidí llevarlos al bosque pluvial del Yunque, el único bosque tropical dentro del Sistema Forestal Nacional de Estados Unidos. Queda a menos de una hora en automóvil desde la casa de mis padres.

Hicimos la primera parada en el Centro del Portal del Yunque donde vimos un video informativo acerca de esta maravilla natural.  Yo también aprendí datos interesantes al ver la película. ¿Sabía que este bosque pluvial tropical incluye seis cuencas fluviales que suministran agua a cerca de un quinto de la población en la isla de Puerto Rico? Mientras este bosque tropical pluvial es uno de los más pequeños en comparación con otros bosques nacionales de Estados Unidos, es extremadamente rico en biodiversidad entre la cual figuran 750 especies diferentes de árboles, mas de mil especies de plantas diferentes, 11 diferentes especies de reptiles, 79 diferentes especies de aves, incluyendo la cotorra puertorriqueña que está en peligro de extinción, y 12 especies diferentes de coquí.

Después de visitar El Portal, paseamos en auto hasta la cima del Yunque tomando fotos. No hay duda que la visita al bosque pluvial despertó todos nuestros sentidos. La cacofonía de sonidos provenientes del coquí, las aves e insectos, el dulce aroma de la flora tropical, y acogedor rocío tropical que nos rodeaba todos trabajaron al unísono para crear una experiencia inmemorable. De hecho, mis padres todavía recuerdan con cariño nuestra visita al Yunque y la mencionan con frecuencia. 

Es increíble que muchas veces tenemos tesoros escondidos en nuestra propia comunidad que tomamos por sentado. ¿Ha tenido la oportunidad de explorar algunos de los tesoros naturales locales últimamente? Yo sé que tengo que visitar El Yunque nuevamente la próxima vez que vaya a Puerto Rico. Espero poder dedicar el tiempo necesario para aventurarme por los caminos a lo largo del bosque pluvial.

Mientras tanto, quisiera compartir algunas fotos que tomé de esta maravilla natural.

Acerca de la autora: Lina M. F. Younes ha trabajado en la Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. desde el 2002 y se desempeña, en la actualidad, como portavoz hispana de la Agencia, así como enlace de asuntos multilingües de EPA. Además, ha laborado como la escritora y editora de los blogs en español de EPA durante los pasados cuatro años. Antes de unirse a la Agencia, dirigió la oficina en Washington, DC de dos periódicos puertorriqueños y ha laborado en varias agencias gubernamentales a lo largo de su carrera profesional en la Capital Federal.

Editor's Note: The opinions expressed here are those of the author. They do not reflect EPA policy, endorsement, or action, and EPA does not verify the accuracy or science of the contents of the blog.

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A Nature Lesson in my Own Backyard

About the author: Brenda Reyes Tomassini joined EPA in 2002. She is a public affairs specialist in the San Juan, Puerto Rico office and also handles community relations for the Caribbean Environmental Protection Division.

“You don’t care about what you don’t know.” That phrase stuck with me long after watching the wonderful video, Wetlands & Wonder: Reconnecting Children with Nearby Nature. I was fortunate enough, as well as most of my co-workers, to grow up surrounded by beautiful open spaces. There was no satellite TV, no Ipod, no PlayStation nor the Web. If I wanted to play, I had to go outside to our backyard or go bike riding with my brother or cousins around the neighborhood. Every time we left the house. a whole new world of exploration and curiosity unraveled before our eyes. Many of the activities we did as young children were nature oriented. Our maternal grandparents had a farm and from our paternal grandmother’s backyard the nearby El Yunque rainforest was on full display. We got our feet wet in the Río Blanco River and plenty of times came home carrying treasures from the beach. Nowadays, I work as public affairs specialist at EPA in San Juan and my brother works as a marine scientist at NOAA, the National Oceanic and Atmospheric Administration in Seattle, Washington.

photo of author with her sonAs a modern day parent, getting my kids out into nature can be a challenge. Even though I take them frequently to the country or on the occasional road trip, finding time to experience nature every day is very hard. Four children, a busy schedule, and living in the suburbs are not the right mix to provide for nature oriented experiences. Still,I carve out the occasional moment to give my kids outdoor experiences, like when I tend to my garden or let them play when I air-dry our clothes, Recently, I accidentally ran a cart over a small snake. Upon finding it, I took my three year-old son to the backyard to show him the dead snake. I ran my fingers over its slimy body and my son felt instant curiosity to know how it felt, and did the same. I told him about what snakes eat and how they hide in the base of the ginger and heliconia plants.

Kids don’t have to travel far or visit a museum to learn about nature; the easiest access is often found in our own backyards, in our parks, in the empty lot nearby our houses. If they get to know and experience, nature they will become adults concerned with safeguarding their surroundings and, thus, the environment.

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Una lección sobre naturaleza en mi patio

Sobre la autor: Brenda Reyes Tomassini se unió a la EPA en el 2002. Labora como especialista de relaciones públicas en la oficina de EPA en San Juan, Puerto Rico donde también maneja asuntos comunitarios para la División de Protección Ambiental del Caribe.

“No se le da importancia a lo que no se conoce” La frase se me quedó grabada luego de ver la maravillosa película Wetlands & Wonder: Reconnecting Children with Nearby Nature. Me considero afortunada de haber podido crecer, al igual que muchos de mis compañeros de trabajo, rodeada de espacios verdes. No tenía televisión satélite , I-pod, ni un PlayStation. Si quería jugar, tenía que ir al patio o a correr bicicleta por el vecindario con mi hermano y mis primas. Cada vez que salíamos de la casa a recorrer nuestros alrededores, un nuevo mundo de exploración se revelaba ante nuestros ojos. Muchas de las actividades que realizábamos mi hermano y yo eran relacionadas a la naturaleza. Además de las visitas mensuales, pasábamos las vacaciones en la finca de nuestros abuelos maternos o en casa de nuestra abuela paterna desde cuyo patio se podía apreciar el Bosque El Yunque. Fueron muchas las veces que mojamos nuestros pies en el agua del Río Blanco y otro tanto que llegamos cargando “tesoros” de la playa. El resultado es que ambos tenemos una carrera relacionada al medioambiente, yo trabajo en la EPA en San Juan como oficial de asuntos públicos y mi hermano es doctor en ciencias marinas para NOAA en Seattle, Washington.

photo of author and her sonHoy día como madre exponer a mis hijos a este tipo de actividad, que para mi era tan común, es un gran reto. Aunque suelo llevarlos al campo y a la playa ocasionalmente, hacer tiempo en nuestra rutina diaria para convivir con la naturaleza es difícil. Mi agitado estilo de vida, vivir en los suburbios unido a la crianza de 4 niños no son una receta fácil para obtener experiencias relacionadas a la naturaleza diariamente. Sin embargo trato de buscar esos momentos como cuando vamos a sembrar plantas en el jardín o secamos la ropa al aire libre, ocasión en que los niños exploran abiertamente sus alrededores o como cuando recientemente aplasté una pequeña culebra en nuestro patio. Cuando la encontré llevé a mi hijo de 3 años al patio para que pudiera verla. Al deslizar mis dedos sobre el cuerpo de esta, mi hijo sintió la curiosidad innata de hacer exactamente lo mismo. Aproveché el momento y le hablé sobre ellas y cuanto les encanta esconderse en la base de los jengibres y heliconias del patio.

Estoy convencida que los niños no necesitan viajar lejos o visitar un museo para aprender sobre la naturaleza. El acceso más fácil está en nuestro patio, en los parques de nuestra comunidad o en el terreno vacío a lado de la casa. Si conocen y experimentan la naturaleza crecerán convertidos en adultos conscientes de ella y por ende protectores del medioambiente que les rodea.

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