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Antes de que la tormenta azote

2009 June 18

Durante mi niñez en Puerto Rico, me acuerdo de las historias de mi bisabuela y tía abuela sobre los huracanes de antaño—San Ciriaco, San Ciprián, San Felipe—eran algunos nombres que recuerdo. Siempre me preguntaba el por qué los huracanes tenían nombres de santos. Encontré que bautizaban los huracanes con los nombres conforme al día del santo cuando tocaba tierra. No es una metodología muy científica que digamos. Desde el 1960, el proceso de nombrar los huracanes se formalizó. Cabe señalar que en el pasado muchas de estas tormentas eran acontecimientos de tal envergadura que otros eventos como nacimientos se describían por haber sucedido antes o después de tal huracán. Por ejemplo, yo nací el año del huracán Santa Clara (también conocido como Betsy en el continente EE.UU.), que fue un huracán de poco impacto en comparación con otros huracanes que pasaron por la Isla en aquella época.

Cuando el Centro Nacional de Huracanes emitía un aviso de tormenta, me acuerdo que los preparativos normalmente giraban alrededor de la compra de baterías, linternas, la colección de agua, el cocinar grandes cantidades de comida y clavar planchas de madera sobre las ventanas. Eso era todo. Como tuvimos bastante suerte entre los años 1960 al 1989, los preparativos de huracanes casi estaban asociados con un espíritu festivo. Eran oportunidades para grandes reuniones familiares donde había mucha comida y la gente se arremolinaba alrededor del televisor o la radio dependiendo si había electricidad o no. Estas no eran necesariamente técnicas de preparación para emergencias bien planificadas.

Es prudente preparar un conjunto de provisiones en preparación para posibles desastres naturales. La temporada de huracanes es un buen momento para empezar. Es buena idea almacenar alimentos que no se deterioren con facilidad o que no requieran refrigeración en el evento de que se quede sin electricidad por largos periodos de tiempo. También hay que almacenar agua para el aseo personal y agua potable. El mantener un suministro de tres días de agua potable para toda la familia, si es posible, es ventajoso. También mantenga los medicamentos con receta necesarios a mano. En términos de su propiedad, trate de minimizar en la manera posible todo lo que se podría convertir en escombros tras una tormenta. También es buena idea verificar que los desagües de la casa no estén tapados con anticipación al paso del huracán. También llene el tanque de gasolina de su auto para estar listo en caso de que venga una orden de evacuar el lugar.

Para consejos adicionales sobre las medidas a tomar antes y después de la tormenta, visite nuestras páginas Web para información en inglés, español, chino, y vietnamita.

Y si está interesado en conocer cuáles son los nombres que el Centro Nacional de Huracanes ha designado para las tormentas en el Atlántico y el Pacífico, puede consultar la lista de huracanes.

Sobre la autor: Lina M. F. Younes ha trabajado en la EPA desde el 2002 y está a cargo del Grupo de Trabajo sobre Comunicaciones Multilingües. Como periodista, dirigió la oficina en Washington de dos periódicos puertorriqueños y ha laborado en varias agencias gubernamentales.

Editor's Note: The opinions expressed in Greenversations are those of the author. They do not reflect EPA policy, endorsement, or action, and EPA does not verify the accuracy or science of the contents of the blog.

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